viernes, 2 de septiembre de 2011

¿Empleados tóxicos o actitudes y comportamientos tóxicos?

De entre mis cajas de pápeles he recuperado uunas páginas de Expansión&Empleo de hace unos años en el que se dedicaba un artículo a este tema. Al releerlo me ha parecido interesante compartirlo con las personas que me seguís en el blog y a los que quiero daros las gracias por ese seguimiento.

El artículo estaba basado en un estudio realizado al respecto por la consultora Otto Walter y empezaba refiriéndose a esta clase de empleados diciendo que "su foto nunca colgará de una pared en la que brillan los nombres de los empleados ejemplares. Son los tóxicos, aquellos profesionales que pueden poner en situaciones límite a sus jefes y compañeros y que resultan muy eficaces en la destructiva tarea de hacer caer estilos de dirección, de contaminar las relaciones humanas y el ambiente laboral".

Tengo que decir que a lo largo de mi vida laboral he encontrado trabajadores que podían estar encasillados en ese concepto. Sin embargo, el título de mi entrada quiere darle una vuelta a esta tendencia tan española de calificar a las personas y fijarnos más en el SER que en el ESTAR.



No creo que sea positivo para el desarrollo de una organización y de las personas que la componen realizar niveles de clasificación, entrar en el juego de que hay trabajadores que son buenos y otros que son malos. Demasiado simplista y fácil. En ese terreno de juego los directores de personas sobran.

Por el contrario entiendo que debemos centrarnos más en el ESTAR, quiero decir, que hay comportamientos y actitudes que favorecen el desarrollo de las personas y de la organización y sin embargo hay otro tipo de conductas que lo que hacen es perjudicar seriamente al ambiente laboral.

Como quiera que somos personas, tenemos sentimientos que nos hacen tener determinados pensamientos o interpretaciones de los pensamientos de otros, también sucede que en ocasiones sin pensar con el rigor adecuado al caso, nos lanzamos a elucubrar sobre determinadas actuaciones de la dirección de la empresa, del jefe, de los compañeros; todo ello puede generar turbulencias en el ambiente laboral, y que a mi modo de entender no deben ser atribuibles a buenas o malas personas para la organización, es más, creo que en general cualquier empleado puede ser el autor de las mismas, dependiendo de su forma de pensar en un momento más o menos puntual, dependiendo del nivel de conocimiento que tiene de sí mismo, de su capacidad de autocontrol, de sus sentimientos, de la intepretación que hace de las cosas o de las situaciones...

Es cierto que las personas mostramos comportamientos que dan  cuerpo y forma a nuestra personalidad. Ahí entraríamos en el terreno del SER ¿Cómo somos? Probablemente o mejor dicho, seguramente somos individuos históricos, somos fruto de nuestra propia historia y estamos en continua evolución. Ahí entra la labor esencial del departamento de personal o de recursos humanos. El verdadero valor que tiene ese departamento tiene que ver con el espíritu humano, con la forma espiritual de las personas. Aspecto este tremendo por su enormidad.

Es raro encontrar alguna empresa en la que no se hable del capital humano, a los directivos y empresarios se les/nos llena la boca con ese "palabro" o expresión, que tengo que decir que no me gusta (ya diré la razón de lo que expreso en otra entrada), sin embargo con ser lo más "importante", según dicen, encontramos numerosos ejemplos en los que lo que se hace no tiene mucho que ver con lo que se dice ("las palabras conmueven, los ejemplos arrastran"). Pocas organizaciones actuan en consecuencia con las proclamas de que las personas son lo realmente importante. Es algo que dicho suena bien a los oidos y queda mucho mejor en las proclamas, discursos, manuales de calidad, decálogos de las salas de reuniones...

Dejo para posteriores entradas seguir abundándo en este tema de los comportamientos tóxicos (que tire la primera piedra el que en un momento determinado no haya incurrido en alguno).

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